Los colores claros influyen no solo en nuestra percepción visual, sino también en nuestras emociones y sentimientos. Al elegir los colores conscientemente, podemos moldear deliberadamente la atmósfera de una habitación y así crear el ambiente deseado.
La luz en sí misma es energía en forma de radiación electromagnética que se propaga en ondas. El espectro luminoso abarca desde los rayos infrarrojos de onda larga, pasando por la luz visible hasta nuestros ojos, hasta los rayos ultravioleta de onda corta.
Según la longitud de onda, percibimos diferentes colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y violeta. La suma de todas las longitudes de onda da como resultado la luz blanca; la luz negra representa la ausencia de luz reflejada.
Las asociaciones que tenemos con ciertos colores son diversas. El amarillo evoca rápidamente pensamientos de sol, calidez y alegría de vivir, mientras que el azul evoca recuerdos del mar. El rojo nos evoca fuego y pasión. Los tonos claros y azulados crean una sensación de inmensidad, ligereza y frescura, mientras que los tonos naranja y rojo tienen un aura cálida y estimulante.
El brillo o la intensidad de un color también influyen. Los colores oscuros hacen que los contornos de la habitación desaparezcan visualmente, difuminando los límites del espacio. Por el contrario, el blanco aporta frescura, amplitud y claridad a las estancias, transmitiendo una sensación de amplitud y luminosidad.
Se pueden lograr diferentes efectos de iluminación mezclando colores. En luminotecnia, existen dos métodos para crear nuevos colores de luz:
- Mezcla aditiva de colores (Se mezclan los colores primarios rojo, verde y azul; cuando los 3 colores están en proporciones iguales se produce el blanco)
- mezcla de colores sustractiva (los colores primarios amarillo, magenta y cian pueden absorber partes del espectro de luz)







